Para muchos todo lo que hace referencia al proceso de la limpieza de nuestra ropa, es una de esas tareas realmente tediosas porque parece que no tenga final y siempre estemos en la casilla de salida. Sin embargo, crear pequeños sistemas y métodos de organización puede facilitar las cosas, la ropa no se lavará, secará, doblará y guardará sola, pero la tarea de hacerlo puede suavizarse.

Es cierto que no hay fórmulas mágicas, y evidentemente el Mago Pop no vendrá a salvarnos, pero si seguimos algunas rutinas podemos tomar el control y hacer que la cosas funcionen mejor.

Yo empezaría por:

1 – Crear una rutina

La palabra crear rutina y orden van siempre de la mano, es lo primero que hay que hacer, definir y pensar en algunas, y escoger la que mejor vaya con nuestro día a día, ya que cada uno tenemos vidas y horarios distintos, por eso es importante encontrar la más adecuada para nosotros.

Yo os voy a exponer algunas de ellas, por si alguna os puede encajar, pero si ninguna os encaja es importante reflexionar 5′ y ver cuál sería la que mejor para nuestro ritmo de vida.

  • Asignar un día (s) cada semana para diferentes tipos de artículos (ropa de cama los lunes, toallas los martes, blancos los miércoles, etc.)
  • Asignar un día (s) cada semana para cada uno de los miembros de la casa
  • Hacer una lavadora diaria y gestionarla entera, es decir, lavar la ropa por la mañana, y programar la noche para recogerla seca, doblarla lo que no sea necesario planchar, y guardarla. Lo que sea necesario planchar, asignar otro día para ello, pero no deberíamos demorar mucho este proceso, ya que si no tendremos una pila infinita de ropa para planchar y se nos hará un mundo.
  • Hacer todo el lavado, secado y doblado en un día, y guardar en otro, y planchar en otro.

2 – Hacer que el sistema de lavado fluya

Dentro del proceso de lavado tenemos algunos pasos a llevar a cabo antes de que la ropa llegue a nuestro armario. Por ello, es importante conseguir que el ciclo de lavado entero (lavar, secar, doblar, guardar, planchar) funcione y no es estanque en alguno de las fases, si hacemos este proceso ágil, hará que todo sea más fácil y menos tedioso.

Por ejemplo, yo tengo una galería donde tiendo la ropa, pero con gemelos, la verdad es que no era suficiente, por ello opté por comprar una secadora, lo que hacía que el proceso de lavado y secado fuera más eficiente y rápido, evitando la acumulación de ropa, que derivaba en retraso y al final se convertía en pesadilla.

Otro punto que hará que fluya el proceso de doblado es tener una canasta (s) donde podamos doblar la ropa rápidamente y colocarla en ella (s) para luego guardarla hará que no esté esparcida por cualquier lugar de la casa. Lo ideal sería tener una para cada miembro de la familia, así una vez doblada, tarea en la que todos pueden colaborar, podrían cada uno guardarla en su armario, haciendo que no se quede por los días de los días en la canasta, y acabemos cogiendo la ropa de ellas en lugar de estar colgada en nuestros armarios.

Si eres de los que plancha la ropa, tener un lugar para dejar la ropa seca sin que quede a la vista es importante. Ver tu ropa dejada en cualquier sitio esperando para ser planchada puede ser, por un lado, un motivo de estrés continuamente estás viendo tareas pendientes, y por otro, un foco muy importante de ruido visual que hará aumentar ese estrés.

Y otro ejemplo que puede hacer que el proceso final del lavado no fluya es el lugar donde guardamos la tabla de planchar. Muchas veces cuando ordeno alguna que otra casa me encuentro que la tabla de planchar está en lugares complicados, difíciles de acceder, y es una de las cosas que siempre propongo cambiar, porque me parece de vital importancia tener un lugar para guardarla muy accesible. Si planchar suele ser de las tareas que menos nos gustan, si además hacemos que sacar la herramienta más importante para llevarla a cabo sea toda una odisea, se acabarán las pocas ganas que tenemos antes de empezar.

3 – Ordenar nuestro lavado para ahorrar tiempo

Una buena inversión para ahorrar tiempo en el proceso de lavado es tener canastas con compartimentos para diferentes artículos, es decir, blancos, colores, ropa de cama y toallas, o si no tenemos sitio al menos tener una para ropa de color y ropa blanca, de este modo si todo está más clasificado no ahorramos algún que otro paso.

También podría dejar de clasificar tanto, lavando una carga por persona, de modo que una vez que esté seco y doblado, sepa que todo irá en una habitación de personas en particular al final, ¡funciona muy bien!

4 – Conocer el significado del jeroglífico de las etiquetas es importante

Me ha pasado un millón de veces, entra una pieza de ropa nueva en mi casa, y cuando toca el turno de lavarla, ingenua de mí, miro la etiqueta para ver qué tipo de cuidados necesita, y lo hago sabiendo que no voy a entender nada, pero voluntad que no falte, y la vuelvo a mirar, y al final la dejo por inútil, y recurro a mi intuición para que me guíe y aplico el método que considero mejor, pero lo reconozco me da mucha rabia no entender los símbolos, o cuando los busco y los entiendo, no acordarme.⠀

Descrita esta situación que seguro os suena, al final opté por buscar una solución, y encontré este lámina imprimible (os dejo el enlace de la web donde la encontré https://aruca.es/simbolos-de-lavado) y la tengo en mi zona de lavado y JEROGLÍFICO resuelto.⠀

5 – Cesto de las sorpresas

Todos deberían mirar sus bolsillos antes de dejar la ropa en el cubo de lavado, pero en mi casa no es lo habitual, y acaba siendo yo la que reviso los bolsillos antes de poner la ropa a lavar, y en ese revisión puedo encontrar infinidad de objetos de cada uno de los miembros de mi familia.

Inicialmente lo que hacía era devolverlo a cada uno de ellos, pero lo que acababa pasando es que añadía una labor más a las que ya tenía, y al final opté por otra solución más sencilla: creé el cesto de las sorpresas o tesoros. Al lado de mi lavadora tengo un cesto de mimbre, pero también puede ser una bandeja, donde deposito todo lo que voy encontrando en los bolsillos, y allí lo dejo, y es cada uno el responsable de buscar en él lo que le corresponda.

6 – Lavar lo que toca, y si no a ventilar

Muchas veces hay piezas de ropa que no es necesario lavarlas cada vez que nos las ponemos, pero parece más fácil tirarla a lavar que ver qué hacemos con ella. Yo en estos casos, lo que hago es que la ventilo y una vez ventilada la guardo de nuevo el armario, no pasa nada mezclarla con la ropa limpia, si no está sucia y está aireada se puede mezclar, y nos evitamos lavar por exceso.

7 – Si lavamos ropa de todos, todos deben colaborar

Deberíamos asignar una labor a cada miembro de la familia en las tareas de lavado. Por un lado, si lo hacemos será menos tedioso que si sólo es una persona la encargada, y por otro, como el proceso de lavado está formado por múltiples tareas las cuales pueden ser fragmentadas en muchas otras tareas con mayor o menor dificultad, nos permitirá involucrar a todos los miembros para que aporten su granito de arena, incluso los más pequeños, y eso es fomentar el trabajo en equipo familiar.

Independientemente del sistema que elijas para el lavado de la ropa, es muy importante asegurarse de que realmente funcione para nosotros, nuestra familia y nuestro hogar.